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Cuando vemos bastante sangre mezclada con la popó del bebé, el susto es mil veces mayor, pero la explicación sigue estando en cómo funciona su digestión. Imaginen que el intestino del bebé estaba trabajando al límite.
Al tomar cinco coladas al día, su pancita estaba llena de almidones que no lograba procesar, lo que generó un ambiente de mucha fermentación y acidez. Si a ese ambiente desequilibrado le sumamos un virus típico de guardería, se crea una ‘tormenta perfecta’ adentro.
El intestino grueso se inflamó de golpe, casi como cuando nos da una alergia súbita en la piel que se pone muy roja e irritada. Fue tanta la irritación por esa popó ácida, que el intestino ‘lloró’ sangre desde más arriba para defenderse y expulsar lo que le estaba haciendo daño. Por eso salió mezclada. ¿Pero por qué fue un solo episodio y luego el bebé seguía saltando de la risa? Porque el cuerpo de los niños es increíblemente sabio.
Una vez que el intestino se deshizo de esa carga irritante, y le dimos un descanso bajando las coladas, la inflamación cedió rápidamente. Fue una crisis momentánea de un intestino agotado, y no una enfermedad grave.
